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Fin de año con los poetas en los jacintos, despedimos el año(nosotros) el 10, es un poco precipitado para decir que es fin de año, pero no importa!!! Fin de año!!! |
Quizás ahora sea el mejor momento
para hablaros de la Casa de los Jacintos,
ahora que el silencio
deja espacio entre las sillas apiladas
encima de la barra,
y otras tantas plegadas contra la pared
como si estuviesen castigadas,
el escenario vacío
aún guarda ese calor corporal
después de la última actuación,
los vasos se penetran unos con otros
hasta formar pequeñas pilas
que sobresalen por encima del fregadero,
que hace muy bien las labores de vecino
con la nevera que nos hace un buen apaño;
pues a parte de sus funciones de enfriar,
de posa vasos o de cualquier otra pertenencia
de índole material,
forma un pequeño hemiciclo
con algo muy importante para la casa;
el equipo de música,
que tantas veces nos deleita
con su amplificación del sonido
y o a su vez de extraordinaria música enlatada.
Así es un poco la casa,
falta decir que hay uno pequeños duendes
de étnicas dispares
que velan y trastean por ella,
estos duendecillos, como podéis imaginar,
no son verdes,
ni de ojos saltones
ni de orejas puntiagudas,
tienen aspecto casi humano,
pero no,
son algo mucho mejor,
porque llaman a otros duendecillos
para que pinten la casa
con múltiples colores,
para que hagan sus juegos con el teatro,
para que adornen sus paredes con poesía,
para que duerman en camas confortables
grandiosos músicos de películas,
y también, en el salón,
los chavales del barrio
dejan colgadas ahí sus cosillas,
hay gamberretes...
Esta es la casa de los jacintos
que es de todos, pero que no es nadie,
y cuenta la leyenda
que un tal Jacinto habitó en ella,
pero nadie lo ha visto,
y así dejó la casa,
con sus enseres,
y con todas sus estrellas.
-Borja Morales